La ansiada y postergada planta desalinizadora de Playas de Rosarito
El agua en el norte del país no es un asunto menor; es cuestión de supervivencia política y social. Durante el evento en tierras bajacalifornianas, tanto la gobernadora Marina del Pilar Ávila como la presidenta federal presumieron con bombo y platillo el rescate del recurso hídrico y la próxima colocación de la primera piedra para la largamente prometida planta desalinizadora de Playas de Rosarito. La narrativa oficial pinta este momento como el fin definitivo de una injusticia histórica heredada por los gobiernos neoliberales que habrían mercantilizado el líquido vital en detrimento de las comunidades más necesitadas de Tijuana y Mexicali.
Sin embargo, el historial de las desalinizadoras en la península está pavimentado de proyectos caídos, licitaciones canceladas, opacidad financiera y contratos plurianuales leoninos que administraciones pasadas intentaron echar a andar sin éxito. Que ahora se anuncie nuevamente el arranque de la obra como si fuera la primera vez que se le ocurre al régimen en turno obliga a revisar los calendarios reales de ejecución y los estudios de impacto ambiental que tantas veces han frenado estas iniciativas. Prometer agua mediante tecnología costosa e intensiva en energía es fácil en los discursos de plaza pública; garantizar su operación sostenible sin vaciar las finanzas estatales es otra muy distinta.
La ley de aguas y el mito del distrito de riego
Otro de los grandes logros presumidos desde el templete fue la modificación a la ley para arrebatarle supuestamente el monopolio del agua a un distrito de riego que, según la versión oficial, revendía el recurso a los municipios fronterizos gracias a privilegios neoliberales otorgados en el sexenio salinista. Se nos cuenta que, por fin, Tijuana y Mexicali recibieron directamente sus concesiones de agua gracias a la intervención oportuna del legislativo federal y la sensibilidad de la gobernadora estatal.
La realidad técnica de las cuencas del norte es bastante más compleja que la simple villanía de unos cuantos particulares acaparadores. La gestión de los distritos de riego en el Valle de Mexicali y su relación con el tratado internacional de aguas con Estados Unidos del año mil novecientos cuarenta y cuatro implica equilibrios muy delicados entre el uso agrícola y el consumo público urbano. Presentar el problema como una simple batalla de buenos contra malos ignora los enormes retos de sobreexplotación de los mantos acuíferos, la obsolescencia de las redes de distribución urbana que pierden hasta el cuarenta por ciento del líquido en fugas, y la presión demográfica desmedida de una zona metropolitana transfronteriza en constante expansión.
Saneamiento del Río Tijuana: promesas que bajan con la corriente
Junto al tema del abasto, el saneamiento del Río Tijuana figuró en la lista de agradecimientos mutuos entre la mandataria estatal y la federal. Es un secreto a voces que las aguas negras que cruzan hacia territorio estadounidense han sido durante años un foco de tensión diplomática y ambiental de primer orden, con demandas constantes por parte de ciudades vecinas en California. Cada trienio y cada sexenio se inauguran obras de colector, plantas de tratamiento y supuestas limpiezas integrales que prometen devolverle la dignidad al cauce.
A pesar de los aplausos y los reconocimientos verbales, los reportes de agencias ambientales binacionales siguen señalando altos niveles de contaminación y derrames recurrentes durante la temporada de lluvias. Atribuir la solución definitiva al voluntarismo político y a la coordinación institucional sin mostrar los presupuestos plurianuales desglosados y las auditorías de las obras ejecutadas deja abierta la sospecha de que el río seguirá siendo un eterno candidato a saneamiento en cada informe de gobierno. El agua en Baja California necesita menos épica revolucionaria y más ingeniería financiera transparente.
Verificación y Fuentes Hídricas
Para consultar los datos oficiales sobre concesiones de agua, balances de acuíferos y el estado de las plantas de tratamiento en la región norte, se pueden revisar los informes técnicos de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), así como los reportes de la Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA) en su sección México-Estados Unidos.



