La clase de historia desde el templete: cuando la patria se vuelve narrativa oficial
En el cierre de una gira de dos años que más bien pareció campaña permanente por el territorio nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum decidió subirse al podio del Zócalo capitalino no sólo para presumir cifras de gobierno, sino para dictar una cátedra magistral de historia patria. Con el rigor interpretativo que otorgan los libros de texto gratuitos recientes y una devoción inquebrantable por el calendario cívico, la mandataria transformó la Plaza de la Constitución en un salón de clases donde el pasado nacional se acomoda milimétricamente para justificar el presente.
Mientras Clara Brugada abría fuego discursivo proclamando a Sheinbaum como la ‘mejor presidenta del mundo’ —una categoría que seguramente tiene muy nerviosos a los jefes de Estado de potencias económicas y democracias consolidadas—, la titular del Ejecutivo federal optó por echarse un clavado a los anales de 1810, 1821 y 1824. Según la visión oficial expuesta bajo el sol del Centro Histórico, la historia de México no es una sucesión compleja de contradicciones, traiciones y geopolítica cruda, sino una línea recta, purísima e infalible que conduce, inevitablemente, al surgimiento de la autodenominada Cuarta Transformación.
Agustín de Iturbide y los villanos favoritos del almanaque nacional
Uno de los momentos más pintorescos de la alocución presidencial fue el repaso por la consumación de la Independencia y la figura de Agustín de Iturbide. Para la narrativa de Palacio, Iturbide encarna al villano perfecto: el criollo realista que se atrevió a firmar el Plan de Iguala, pactar con Vicente Guerrero y, horror de horrores, autocoronarse emperador antes de ser derrocado por los verdaderos insurgentes. Resulta fascinante observar cómo el poder actual selecciona cuidadosamente qué próceres aplaudir y a cuáles mandar al basurero de la historia según convenga al libreto vigente.
Bajo esta óptica maniquea, la historia se divide entre los puros de corazón que jamás cometieron un error táctico y los conservadores abyectos de ayer y hoy. Sheinbaum utilizó el episodio imperial de Iturbide para trazar una línea imaginaria y advertir sobre los peligros de los ‘emperadores’ modernos, olvidando convenientemente que las tentaciones monárquicas, el centralismo exacerbado y la concentración unipersonal del poder han sido especialidades de la casa a lo largo de las distintas eras políticas de este país, sin importar el color del partido en turno.
La Constitución de 1824 y el ecumenismo de la justicia social
El salto discursivo continuó hacia la Constitución de 1824, la cual fue ensalzada por fundar la República Federal, pero discretamente regañada por haber olvidado las demandas sociales más radicales de Miguel Hidalgo y José María Morelos. Aquí es donde la alquimia discursiva del régimen alcanza su punto de ebullición: conectar la frase ‘moderar la opulencia y la indigencia’ —acuñada por Morelos en Los Sentimientos de la Nación— directamente con los programas sociales y los presupuestos de la administración actual.
No cabe duda de que la retórica de la justicia distributiva tiene un imán popular innegable. Sin embargo, equiparar el decreto constitucional de Apatzingán con las mañaneras y los operativos de entrega de tarjetas del Bienestar requiere un acto de fe ideológica monumental. Mientras Morelos abogaba por un equilibrio fiscal y moral en una economía colonial de castas, la hacienda pública actual lidia con déficit fiscales históricos, recortes silenciosos en áreas operativas y una dependencia peligrosa de los ingresos petroleros de Pemex y los megaproyectos militares.
Archivos y documentos para entender el pasado y el presente
Para quienes deseen contrastar la narrativa oficial con los documentos históricos reales y los análisis económicos sobre el estado actual de la hacienda pública, se recomienda consultar las siguientes fuentes especializadas:
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Consulta los textos originales y estudios críticos sobre los documentos históricos de la Independencia en el INEHRM para verificar el contexto real de los Tratados de Córdoba y el Plan de Iguala.
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Revisa las auditorías y los informes de finanzas públicas emitidos por la Auditoría Superior de la Federación (ASF) sobre el ejercicio del gasto en programas sociales.
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Analiza los datos macroeconómicos y de deuda soberana publicados trimestralmente por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).



