Sed metropolitana y pases de factura política en Jalisco
La crisis por la calidad y el suministro de agua potable que azota a la zona metropolitana de Guadalajara no tardó en convertirse en un ring político durante la conferencia matutina. Cuestionada por medios de comunicación sobre las acciones federales ante el colapso hídrico que sufre la capital jalisciense, la presidenta Claudia Sheinbaum optó por repartir culpas antes de detallar soluciones inmediatas. Lejos de asumir un vacío de coordinación institucional, el centro del argumento presidencial apuntó directamente hacia el pasado reciente y a la figura del exgobernador Enrique Alfaro, a quien acusó de incumplir con la construcción de un acueducto fundamental que debía complementar la presa El Zapotillo, obra concluida durante la administración del expresidente Andrés Manuel López Obrador.
El reconocimiento de que la infraestructura hídrica de la región es sumamente antigua choca con la lentitud con la que los gobiernos de distintos niveles se ponen de acuerdo cuando estallan las emergencias sociales. Mientras el gobierno estatal de Jalisco solicita el respaldo de la Secretaría de Hacienda para estructurar un esquema de endeudamiento que permita modernizar la red de distribución, la federación condiciona su apoyo a un reparto milimétrico de responsabilidades financieras. Para los ciudadanos que abren la llave en Guadalajara y reciben líquido turbio o racionado, los diferendos políticos entre administraciones pasadas y presentes sirven de bien poco para calmar la sed o garantizar la salud pública.
Eufemismos de colaboración y deudas institucionales
El lenguaje oficial suele calificar de «acuerdos de coordinación» y «trabajo conjunto» lo que en los hechos es una larga negociación burocrática sobre quién pone el dinero y quién se lleva los costos políticos de endeudar a un estado. La promesa de que la Comisión Nacional del Agua (Conagua), encabezada por Efraín Morales, resolverá el problema junto con las autoridades estatales suena a promesa repetida en un país donde las crisis hídricas se multiplican sin que exista un plan maestro transexenal eficaz. La presa El Zapotillo, convertida en su momento en un símbolo de conflicto social por la resistencia de las comunidades inundables, hoy se exhibe como un logro incompleto debido a la falta de la infraestructura de conducción secundaria que el gobierno estatal debió construir y nunca edificó.
El uso político de las crisis locales evidencia una constante en la relación entre el poder central y los gobiernos estatales que no pertenecen formalmente al partido gobernante o cuyas administraciones anteriores dejaron pendientes insostenibles: cuando hay éxito, se cuelga la medalla la federación; cuando hay colapso en la prestación de servicios básicos, la culpa recae en la omisión de los gobernadores locales. Entre tanto, los habitantes de la segunda zona metropolitana más poblada del país deben contentarse con promesas de reuniones futuras y esquemas financieros bajo revisión.
Verificación de proyectos hídricos y presupuestos federales
Los datos técnicos sobre la construcción de la presa El Zapotillo, el acueducto pendiente y los convenios de colaboración financiera entre la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y el gobierno del estado de Jalisco pueden consultarse en los informes oficiales de la Conagua en su portal Comisión Nacional del Agua. Asimismo, las solicitudes de endeudamiento público y las autorizaciones de la Secretaría de Hacienda para proyectos estatales de infraestructura hídrica se registran en los informes trimestrales de deuda pública de la SHCP en Finanzas Públicas SHCP.



