El calendario político mexicano está repleto de fechas conmemorativas donde el oficialismo en turno intenta apropiarse de las gestas populares, reescribiendo la historia a conveniencia del movimiento del momento. Sin embargo, hay tragedias que dejan al desnudo una verdad incómoda para cualquier administración: cuando la tierra tiembla y las estructuras institucionales colapsan, el verdadero primer respondiente no es el Estado benefactor que anuncian los discursos mañaneros, sino una sociedad civil organizada que tiene que aprender a rascarse con sus propias uñas. Eso fue exactamente lo que ocurrió tras el devastador sismo del 19 de septiembre de 1985 en la Ciudad de México, un parteaguas donde la respuesta gubernamental brilló por su insuficiencia, obligando a los ciudadanos —y de manera muy destacada a las mujeres— a tomar el control absoluto del rescate, el abastecimiento y la supervivencia urbana.
Mientras la burocracia procesaba la magnitud de la tragedia con la proverbial lentitud que caracteriza a los gabinetes gubernamentales de ayer y hoy, las calles de la capital se convirtieron en un hervidero de solidaridad autogestionada. Las mujeres no esperaron un decreto presidencial, un plan nacional de emergencia ni una conferencia de prensa de tres horas para salir a las calles. Se sumaron de inmediato a las labores de remoción de escombros, a la instalación y operación de albergues improvisados, y a la titánica tarea de alimentar a miles de personas que lo perdieron todo en cuestión de segundos. En el sector salud, médicas y enfermeras mantuvieron en pie los servicios asistenciales al borde del colapso, como ocurrió en el Hospital General de México, donde el ingenio del personal femenino suplió la carencia de protocolos de protección civil eficientes.
De la emergencia al activismo político: La Coordinadora Única de Damnificados
Una vez disipado el polvo de los edificios caídos y consumado el rescate de los sobrevivientes, la emergencia habitacional se transformó en una larga batalla política contra la desmemoria institucional. Lejos de regresar a sus casas a esperar la caridad oficial, las mujeres que habían levantado campamentos de damnificados se organizaron para exigir algo que el Estado siempre ha tratado como un favor político en lugar de un derecho humano: la vivienda digna. A través de la creación de la Coordinadora Única de Damnificados en octubre de 1985, y de frentes como la Unión de Vecinos y Damnificados 19 de Septiembre o la Unión Popular Nueva Tenochtitlán, las ciudadanas protagonizaron una resistencia frontal contra los intentos gubernamentales de expulsar a las familias populares hacia las periferias olvidadas de la ciudad.
Esta politización de la tragedia urbana demostró que la participación social no surge por gracia de la pedagogía política de ningún partido, sino de la necesidad urgente de frenar los abusos del poder inmobiliario y la negligencia gubernamental. Las mujeres pasaron de la olla comunitaria a la negociación directa con funcionarios públicos, demostrando que sabían de urbanismo, de leyes y de resistencia civil mucho más que los tecnócratas de escritorio que pretendían decidir el destino de los predios afectados sin consultar a los verdaderos dueños de la reconstrucción.
El movimiento de costureras y la irrupción laboral
El sismo de 1985 también dejó al descubierto las cloacas de la economía informal y la explotación laboral que imperaba en el centro de la Ciudad de México. El derrumbe de numerosos talleres textiles clandestinos en zonas como San Antonio Abad no sólo sepultó los cuerpos de decenas de obreras de la costura, sino también las miserables condiciones laborales toleradas por las autoridades laborales durante décadas. Ante la indolencia patronal y el silencio cómplice de los sindicatos corporativos tradicionales, las costureras sobrevivientes decidieron organizarse para exigir justicia, indemnizaciones y el derecho a la sindicalización independiente.
Bajo el liderazgo de figuras como Evangelina Corona, el 18 de octubre de 1985 nació el Sindicato de Costureras 19 de Septiembre, un hito histórico que sacudió los cimientos del corporativismo sindical mexicano. Este gremio no solo luchó por salarios justos y seguridad en el trabajo, sino que visibilizó la doble explotación que sufrían las mujeres trabajadoras en una economía formal e informal sostenida sobre la precariedad. La respuesta del Estado ante este movimiento osciló entre la cooptación tradicional y la resistencia burocrática, obligando a las costureras a librar una batalla en dos flancos: contra los dueños de los talleres y contra las trabas legales de un aparato de justicia laboral diseñado para proteger a las cúpulas, no a los obreros.
Documentar la verdad: El periodismo independiente desde las ruinas
La movilización social de 1985 no se limitó a las calles y los talleres; también abarcó el terreno fundamental de la información y la crónica. Ante la pretensión oficial de minimizar la catástrofe y ocultar el número real de víctimas y la magnitud de la ineptitud gubernamental, las mujeres periodistas, fotógrafas y escritoras desempeñaron un papel estelar en la documentación rigurosa de los hechos. Su trabajo de campo permitió visibilizar las demandas de los sectores más vulnerables y contrarrestar la versión oficial que intentaba maquillar la incapacidad del régimen priista de la época.
Este esfuerzo por registrar la realidad sin filtros institucionales recuerda la eterna tensión entre el poder y la verdad. Mientras los gobiernos —independientemente de sus siglas y colores— siempre prefieren relatar sus propios éxitos y minimizar sus crisis mediante eufemismos verbales, el periodismo crítico y la memoria documental son los únicos antídotos reales contra el olvido oficial y la propaganda gubernamental.
Archivos y Registros Históricos sobre el 19 de Septiembre
Para profundizar en los datos históricos, testimonios y el impacto social del sismo de 1985, así como en la organización de los movimientos de mujeres, damnificados y costureras, se pueden consultar los siguientes repositorios documentales e investigaciones académicas:
- Consulta el acervo histórico y las exposiciones virtuales sobre el sismo de 1985 en la Galería del Archivo General de la Nación.
- Revisa los estudios sobre movimientos urbanos populares en el portal del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación de la UNAM.
- Explora los archivos hemerográficos y las crónicas de la época en la Hemeroteca Nacional de México.



