La liturgia de culpar al pasado para justificar el presente
Hay algo profundamente reconfortante en la política mexicana contemporánea: la existencia de un comodín histórico llamado periodo neoliberal. Cada vez que un indicador económico amenaza con desbordar los marcos discursivos del régimen, la narrativa oficial recurre al conjuro de los seis sexenios anteriores para explicar cualquier desequilibrio, real o imaginario. Durante su intervención, el diagnóstico del pasado se convirtió en el eje central para legitimar los incrementos salariales decretados desde Palacio Nacional. Se enumeran con precisión milimétrica los años de supuesta traición a la patria, como si la historia económica del país hubiera sido un páramo estéril antes de la llegada de la llamada Cuarta Transformación, ignorando deliberadamente que muchos de los operadores actuales de la economía formaron parte de aquellas mismas estructuras tecnocráticas que hoy tanto aborrecen.
El ejercicio retórico busca convencer al respetable de que cualquier resistencia empresarial ante los incrementos salariales respondía exclusivamente a una malvada conspiración neoliberal contra la clase trabajadora. No obstante, los economistas serios —esos que no viven de aplausos matutinos ni de becas gubernamentales— advierten que el incremento nominal al salario mínimo, si bien necesario para rescatar el poder de compra básico, opera en paralelo con un sector informal gigantesco que no percibe dichos beneficios y con presiones inflacionarias acumuladas en la canasta básica que pulverizan rápidamente el billete en el bolsillo del consumidor.
Dogmas oficiales frente al espejo de los mercados
La defensa numérida del salario mínimo se acompaña de una serie de afirmaciones categóricas: que no hubo inflación, que el peso mexicano desafió todas las leyes de la gravedad financiera y que la inversión extranjera directa rompe récords históricos gracias al humanismo mexicano. La realidad, por supuesto, suele ser un animal mucho más complejo y tozudo que un discurso dominical. Si bien el tipo de cambio ha mostrado una resiliencia sorprendente impulsada por factores externos como el fenómeno del nearshoring y las altas tasas de interés del Banco de México, atribuir este comportamiento exclusivamente a la pureza ideológica del régimen raya en el pensamiento mágico.
Los críticos del modelo económico actual señalan que la contención de la inflación oficial contrasta dramáticamente con el encarecimiento real de servicios básicos, gasolinas y alimentos procesados que pagan las familias mexicanas todos los días. Al declarar unilateralmente como falsos los temores empresariales sobre los efectos colaterales de los aumentos salariales desmedidos, el gobierno opta por la gimnasia verbal antes que por la autocrítica técnica. Es más sencillo fabricar un espantapájaros neoliberal que aceptar que la economía mexicana navega en aguas internacionales sumamente volátiles.
Ruta crítica para verificar indicadores económicos y salariales
Para comprobar el comportamiento real de la inflación, el empleo formal, el salario mínimo y su impacto en la economía familiar, se sugiere consultar las fuentes estadísticas e institucionales siguientes:
- Consulte la evolución histórica del empleo, la informalidad y los índices de precios al consumidor en las bases de datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
- Revise los comunicados oficiales y las minutas sobre política monetaria y control inflacionario emitidas por el Banco de México (Banxico).
- Analice los tabuladores históricos de percepciones salariales y su poder adquisitivo en las publicaciones de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (Conasami).



